Pero en realidad el cambio más profundo se ha dado a nivel mental y casi espiritual diría yo. Me doy cuenta de que el parrafo anterior con todo lo interesante y positivo que resulta no corresponde al título del post pero ilustra otro aspecto relacionado al mismo. Y es que el correr me ha hecho cambiar mi actitud hacia la comida, el ejercicio y la vida sana por principio de cuenta. Estos beneficios se han extendido y han contagiado al resto de mi familia que es mejor aún.
El jueves salí a correr por la noche, cosa que es un tanto inusual para mí pero no me quedaba de otra. Había llegado a casa de trabajar a las 8pm cansado y mas hambreado que un perro callejero después de corretear coches. Aún así, me comí medio bagel con mantequilla, me puse los tenis y salí a hacer intervalos (4x800m para aquellos que les interese). Mientras corría estuve reflexionando sobre las cosas que han cambiado en mi vida en el último año y medio que maomeno coincide con el tiempo que llevo corriendo en serio.
El cambio se ha dado a varios niveles. Obviamente, el cambio en el aspecto físico y alimenticio es lo primero que salta a la vista. Desde que empecé a correr he bajado 6kg cosa que en 20 años no había sucedido y de hecho, esos 6kg los bajé a partir de navidad del año pasado. También he cambiado de dieta. Antes tenía la costumbre de plantarme como un autómata en la fila de la comida caliente en la cafetería de la oficina sim importarme lo que hubiera en el menú. Las ensaladas me resultaban francamente aburridas y solo las comía si no tenía dinero para algo más. Ahora por lo común, alterno ensaladas (con carne porque todavía no me he convertido en conejo) con comida rica en proteinas y baja en grasa. Los fines de semana cocinamos en casa y procuramos que sea variado y nutritivo. Aclaro que no sigo estas observaciones al pie de la letra ni de manera religiosa. Hay veces que por cuestiones de la carga de trabajo como bastante mal a la hora de la comida y para ejemplo basta un botón: ayer comí un sandwich tostado de pollo con ensalada de col y queso acompañado de una bolsita de papas. Pero saben qué? No me angustio porque sé que no es la norma ni tampoco soy atleta olímpico.
Lo que me llevó a la reflexión de estos cambios fue el hecho de salir a correr después de un día como el que tuve el jueves. En otras condidiones lo más facil hubiera sido abrir una cerveza y sentarme a ver las noticias en piyama pero ahora para mi el correr es como el meditar. Me da tranquilidad, paz y la oportunidad de ordenar mis pensamientos y enfocarlos de manera más positiva. Dicen que el ejercicio en general le proporciona al cuerpo endorfinas, que a su vez nos llenan de energía y pensamientos positivos (that fuzzy feeling). Pero basta preguntarle a cualquier persona como se siente mientras está levantando fierros en el gimnasio y la respuesta siempre será la misma: "De la fregada". Por el contrario, al correr uno se siente, corrijo, yo me siento feliz, sonrio y creo que al correr el mundo te sonrie de vuelta.
Christopher McDougall menciona en su afamado libro Nacidos para correr, que lo que mas le sorprendió de los corredores Tarahumaras era el hecho de que al correr siempre sonreían. Cuando leí el libro apenas empezaba yo esta jornada y lo tomé como una característica interesante de la tribu y no como un atributo derivado del correr. Tal vez no estén correlacionados pero para mí se han vuelto sinónimos y cada que salgo hago el esfuerzo consciente de mirar a la gente a los ojos y darles una sonrisa. Y saben qué? La mitad de las veces, la gente te sonrie de vuelta y hay quienes hasta te dirigen alguna palabra amable. Los demás están amargados!
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